“Verdades convenientes” y verdades objetivas

(La Nación, 24/10/2011, El Universo, 07/11/2011)

Frente a cualquier fenómeno inicialmente incomprensible, los seres humanos recurrieron a explicaciones simples dada la necesidad de entender todo cuanto hay en derredor para sobrevivir. En su origen, se echó mano a la imputación como forma de entendimiento de eventos tales como la mucha o poca lluvia, la buena o mala cosecha, la furia volcánica, las enfermedades y otros, atribuyendo responsabilidad (imputándola) a la luna, al sol, al mar o a alguna otra deidad. En estricto sentido, ‘imputar’ es atribuir un consecuente a una causa ficticia.
Después vino la causalidad para comprenderlo todo a partir de relaciones causa-efecto, donde —a diferencia de la imputación— la causa es un antecedente real; y finalmente vino la incertidumbre en la mecánica cuántica.
Sin embargo, investigar y teorizar sobre los fenómenos del universo son acciones normalmente reservadas a científicos. La imputación como forma de obviar explicaciones de lo desconocido —si bien cada vez en menor medida— es herramienta de uso regular aunque no responda a la ciencia; se imputan ruidos nocturnos a fantasmas, la adversidad es castigo divino, hay determinación de los signos zodiacales, etc. Y el origen verdadero de algunos actos concretos, intencionalmente se sustituye por una causa creada para ocultar la realidad.
Esta debilidad humana es conocida por algunos que, acerca de algún acto o evento, en virtud de acuerdo secreto brindan maliciosamente una explicación mendaz y sencilla. Una vez aceptada la mentira cual verdad inapelable sobreviene el objetivo perseguido: beneficio o perjuicio de alguien o ambos. Esta es la “conspiración”, basada en un pacto a la sombra (expreso o tácito [quórum sensing como denomina Bröckers a este último]) con el objetivo de imponer una mentira sobre la realidad, para lo cual se manipulan los hechos y del modo más simple —sin evidencia— se propone un origen ficticio como causa real de algo, dando como resultado “una verdad conveniente” y no la verdad objetiva. Conspiran el padre y la madre cuando actúan bajo acuerdo, expreso o tácito, para justificar las malas calificaciones de sus hijos imputando a la maestra mala voluntad.
No obstante, el ciclo de cualquier conspiración se rompe con la prueba objetiva de la realidad.
Algunas conspiraciones se encuentran vinculadas a procesos judiciales: abogados y partes malintencionados, ofrecen al público explicaciones ajenas a la realidad para crear una “verdad conveniente” consecuencia de una explicación simple no comprobada. Esta manipulación se quiebra en sede judicial cuando se reconstruye la historia de un hecho, normalmente de origen multifactorial, con base en prueba recabada con riguroso apego a las normas de las ciencias, las artes y la técnica.
Un pueblo educado cada vez cree menos en fantasmas y se remite a la valoración profesional y científica de medios probatorios. Esta disposición es el cimiento más elemental para una justicia democrática. Si los jueces resuelven de acuerdo a la conspiración se vuelven parte de ella y deniegan justicia; de aquí la obligación de motivar de sus fallos en prueba legalmente incorporada al juicio.

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