Déjà-vu

(La Nación, 13/12/2010)

La economía de los Estados Unidos (EE.UU.) se define históricamente por ciclos (Burns-Mitchell). Comienzan por la desregulación del mercado (Friedman), basada en la siguiente premisa: los mercados cometen errores y los corrigen solos por lo que no deben subordinarse a regulaciones estatales. Este planteamiento tiene su propia ecuación: menor intervención del gobierno y mayor libertad de mercado = menos regulación y más innovación (Greenspan). Así comienza el ciclo, pero termina siempre con una crisis –depresión o recesión— superada por la intervención del Estado en la economía, mediante regulaciones y rescate de los fallidos. En el resto del mundo no pareciera suceder cosa distinta: entre 1970 y 2007 se dieron 124 crisis en distintos países o en distintas regiones.
Esas duras experiencias generaron la ruina de millones de personas. A raíz de la Gran Recesión de 2008, la mayor crisis económica desde la Gran Depresión (1929), se perdieron millones de empleos en China para citar solo un ejemplo.
Seguir la teoría incorrecta conduce a la toma de decisiones políticas equivocadas y a la crisis. No obstante, los fundamentalistas de la economía se han empeñado en aplicar la teoría incorrecta una y otra vez, haciendo sufrir al mundo graves consecuencias económicas cuando se cierra un ciclo. Cada vez un déjà-vu como diría Stiglitz.
Que el gobierno debe intervenir el mercado para corregir sus disfunciones y evitar nuevas crisis, es una verdad incontestable (Keynes). Tanto así que el máximo exponente de la desregulación del mercado en la actualidad, el expresidente de la FED Alan Greenspan, ha reconocido su error a raíz de la actual recesión.
Este, como muchos fundamentalistas, creyó ver el final de los ciclos económicos en una adecuada gestión de riesgo; pero, todo lo contrario, la desregulación se tradujo en el incremento de los peligros y en la concreción de daños patrimoniales.
Si en adelante tendremos una economía de libre mercado, como se decidió por referéndum al aprobar el Tratado de Libre Comercio (TLC), debe aceptarse que no funcionará correctamente sin regulación estatal. Del mismo modo debe tenerse clara la posibilidad de intervenir el mercado sin que con ello se viole el TLC, pues la igualdad es base interpretativa de convenios internacionales y ya EE.UU., contraparte del tratado, abiertamente inyectó capital a bancos y otras empresas, al tiempo de introducir regulaciones claras en su mercado. Esta intervención, sin calificar ahora la estrategia, fue necesaria y sin alternativa; esto desvirtúa por completo la premisa de partida de los fundamentalistas, cuando predican que los mercados se enferman y se curan solos. Prevención y cura de la enfermedad es igual a la intervención del gobierno en uno u otro momento.
Para evitar una crisis futura, debería comenzar el gobierno por introducir la normativa necesaria para que el país no consuma más de lo que produce o, en otros términos, para lograr mayor producción y menor consumo.

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