El fiscal Giovanni Falcone

(La Nación, 20/01/2008)

“Un hombre debe hacer aquello que su deber le dicta,
cualesquiera sean las consecuencias personales,
cualesquiera sean los obstáculos, el peligro o la presión.
Ésta es la base de toda la moralidad humana”.
(J.F. Kennedy)

El desprecio a la dignidad humana y a los valores de la sociedad, el apetito insaciable por la riqueza sin importar su origen ilícito y la sed de poder, son el contenido subyacente de las organizaciones criminales, que han coqueteado con el poder político en buena cantidad de países, sin importar si son grandes o pequeños, de derecha o de izquierda, o el continente en que se encuentren. La delincuencia organizada no tiene límites ni fronteras ni ideología ni moral.
Pero ante este fenómeno, afortunadamente, en toda sociedad surgen personas o grupos de personas que, en palabras de Mario Benedetti, “no se quedan inmóviles al borde del camino” y “no reservan del mundo solo un rincón tranquilo”. Se trata de mujeres y de hombres comunes –sin aureola de santos– que no están dispuestos a renunciar a sus principios ni a postergar el respeto a la dignidad de sus semejantes. Un ejemplo de resonancia mundial es el fiscal antimafia italiano, Giovanni Falcone, quien, por ir de frente contra la delincuencia organizada, fue el objetivo del atentado de La Addaura, el 20 de junio de 1.989, del que sobrevivió milagrosamente; pero no pudo escapar a la violencia de la mafia en lo que se conoció como la masacre de Capacci, el 23 de mayo de 1.992, cuando murió víctima de un atentado con 500 kilos de dinamita, junto con su esposa Francesca Morvillo y sus guardaespaldas, Antonio Montinari, Rocco Di Cillo y Vito Shifani.
Falcone no es un icono por morir de esa forma, pues eso no haría justicia a otros que pagaron con sus vidas en la misma guerra, como son los Fiscales Cesare Terranova (25/09/1.979) y Rocco Chinnici (29/07/1.985), así como los policías Giuseppe Montana y Ninni Cassará (verano de 1.985), por citar solo a algunos héroes.
Giovanni Falcone fue contrafigura ante la mafia y el poder político, por lograr el testimonio del primer arrepentido, Tommaso Bruscetta (“testigo de la corona”), que reveló la estructura y la telaraña tejida por las redes criminales; después vendría el segundo arrepentido, Antonio Calderone, y así sucesivamente hasta acumular información valiosa que permitió abrir nuevas líneas de investigación, para desarticular operaciones económicas de cuantía inimaginable. Falcone fue el primero en interpretar la dinámica interna y externa de la mafia, su estructura y sus propias normas, lo que condujo a recopilar las pruebas para condenar a 347 mafiosos en 1.987. El giro de las pesquisas se orientó hacia los patrimonios particulares y a las operaciones bancarias de los sospechosos.
De acuerdo con esas enseñanzas, investiga hoy el Ministerio Público de Costa Rica, tanto en la banca local como en la internacional a través de cartas rogatorias, con mayor agilidad después del levantamiento del velo bancario en todo el mundo, a partir del atentado al World Trade Center de Nueva York. Esto ha permitido culminar investigaciones de corrupción y sicariato, algunas ya juzgadas y resueltas con condena.
La solidez y profundidad de las investigaciones del Ministerio Público italiano, producto de la nueva orientación criminalística, conllevó reacciones de los “colaboracionistas” del crimen organizado: la jerarquía judicial disolvió el “pool antimafia”, se produjeron dudosas decisiones jurisdiccionales y el fiscal Falcone fue objeto del “episodio Cuervo” primero, y, después, de la campaña conocida como “cartas en los cajones”, cuya finalidad fue desprestigiarlo y desautorizarlo ante la opinión pública mediante la difusión de falsedades sobre su vida. En esto último participaron algunos periodistas serviles de la mafia.
Cualquier actuación del Fiscal era descalificada por los “colaboracionistas”. En 1.990, durante una conferencia en México, Falcone afirmó: “[…] el aumento de la eficacia de la acción represiva estatal y el de la importancia de aquello que está en juego en cada una de las acciones […] ha provocado que cualquier funcionario que moleste sea inmediatamente puesto bajo la mira […]”.
El fiscal Giovanni Falcone se convirtió en un símbolo por haber descifrado el funcionamiento de la mafia, por enfrentarla a cualquier precio, por llevar centenas de mafiosos a prisión, por rechazar el miedo, por no ceder ante nada ni ante nadie, por encarnar la ética, por vivir y por morir de acuerdo con sus principios.
De él dijo su compañero y amigo, el fiscal Paolo Borsellino: “Los que tienen miedo mueren todos los días, los que no lo tienen mueren solo una vez”. Con ello aludió a los cobardes que sucumben en espíritu una y otra vez cuando traicionan sus principios, pues ceden ante la mínima presión; pero exaltó al valiente que vive siempre apegado a su ética y solo morirá cuando su cuerpo deje de funcionar. El fiscal Borsellino fue asesinado por la mafia el 19 de julio de 1.992, tan solo dos meses después de la muerte de Falcone. Pese a su desaparición física, los dos están presentes y continúan –con su ejemplo de moralidad humana– dando guerra a las redes criminales.
Esta historia, total o parcialmente, replica en todos los países cada vez que se persigue con decisión a la delincuencia organizada. En Costa Rica ya comenzamos a vivirla.

20111204-005324.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: