Las niñas y los niños de Guatemala

(La Nación, 26/01/2012)

En el extremo norte de Centroamérica está Guatemala en un territorio maravillosamente adornado por selva, volcanes, lagos, ciudades coloniales, monumentales sitios arqueológicos, diversidad cultural y étnica, así como por un pueblo multitudinariamente amable y bueno. En contraste, junto con El Salvador y Honduras, forma parte del “Triángulo de la Muerte”: la región más violenta entre los sitios donde no hay guerra. La tasa de homicidios por 100 mil habitantes es de 41.4 en Guatemala, superada por Belize con 41.7, Venezuela con 49, Jamaica con 52.1, Costa de Marfil con 56.9, El Salvador con 66 y Honduras con 82.1. Comparativamente, cabe apuntar, la tasa de Alemania es de 0.8 y la de Costa Rica 11.3. (UNODC: “Global Study on Homicide 2011”.)
La violencia es consecuente de muchos factores, pero en Guatemala una de las causas principales es la desigualdad demostrada por una acentuada pobreza. Según el Programa Mundial de Alimentos el 53% de la población vive en pobreza y el 13% en pobreza extrema. El índice de Gini para Guatemala es de 53.6 –0 es la perfecta igualdad: todos disfrutan de los ingresos; y 100 es la absoluta desigualdad: solo uno tiene todos los ingresos– (PNUD: Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, Resumen Ejecutivo [el índice de Gini de Costa Rica es de 48.3].)
Quienes más sufren esos números fríos son las niñas y los niños: 49.8 es la tasa de desnutrición crónica en menores de 5 años, pero en áreas rurales indígenas alcanza el 70%. Las pequeñas víctimas no tienen mayor futuro personal, porque sus cerebros no han crecido y ya no se desarrollarán. Ningún país puede justificar esa victimización.
Como si eso fuera poco, los mafiosos han “cosificado” a niñas y niños guatemaltecos, de modo que pasan como artículos de consumo del despreciable negocio de la trata de menores. La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), desde diciembre de 2010, puso en conocimiento de las autoridades guatemaltecas el Informe sobre Actores Involucrados en el Proceso de Adopciones Irregulares, que evidencia la crudeza del negocio de las supuestas adopciones: muchas criaturas son sustraídas a sus legítimos padres, se les cambia su filiación y después una madre falsa comparece ante jueces –parte de la estructura criminal– quienes dictan sentencias para revestir de juridicidad aparente, la que en realidad es una adopción espuria.
Cuando la Corte Suprema de Guatemala levantó la inmunidad a uno de esos jueces, el proceso continuó con su detención que permitió descubrir, además, armas prohibidas en su poder; no obstante, al conocer la identidad del acusado y las pruebas de cargo, sus amigos jueces lo liberaron por no encontrar indicio de comisión de delito. Algunos jueces penales no escuchan el grito de los padres biológicos guatemaltecos, despojados de sus legítimos hijos para entregarlos vía adopción, en el mejor de los casos, a una familia que los ame; pero hay posibilidad de que terminen en manos de descuartizadores para el tráfico de órganos, o de esclavistas, o explotadores sexuales, entre otros. Algunos jueces penales chapines tampoco ven las armas prohibidas que sí ven los policías y los fiscales. Sordera y ceguera de jueces, frente a un espernible crimen cuya renta anual se calcula en US$ 200 millones.
En ese trágico contexto de abandono acumulado, el capítulo “Hambre Cero” del programa del nuevo gobierno guatemalteco da una esperanza. Sin embargo, la recaudación tributaria de Guatemala es apenas el 11.2% del PIB, por lo que no hay servicios públicos robustos (la recaudación tributaria de Costa Rica es de un 23% del PIB como promedio). Reducir la desnutrición crónica y fortalecer otros programas como salud y seguridad ciudadana, impone al nuevo Presidente Otto Pérez Molina impulsar una reforma tributaria importante. Lamentablemente, los empresarios han anunciado su desacuerdo con cualquier cambio en la política fiscal.
El presente de desnutrición crónica y el futuro de llegar a ser mercancía, es la situación de un alto porcentaje de niños guatemaltecos. Ningún país está vacunado contra estos males, por lo que sin importar las preferencias políticas, los ticos debemos ser celosos auditores de la vida y futuro de nuestras niñas y niños. Los males de otros países se pueden contagiar. Los viejos tuvimos la dicha de haber nacido en un país que nos dio una niñez digna y una esperanza de futuro (el ahora); eso mismo debemos hoy y siempre a los nuevos hijos de la patria.

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